Debía de ser la única que no sabía quien era él. Tan agazapado entre columnas que no se dejaba ver, mientras un portador de estandarte de colores chillones se adelantaba a su paso, para calibrar las oportunidades de complacer a tan bella señorita. Esa minifalda hizo el papel de portada del producto, el resto fue dejarse llevar por una sonrisa y algun que otro movimiento acelerado, sin pensamiento. Pero el que realmente perseguía ser encontrado tal vez no era el primer plato, tal vez por una vez, para desorbitar tanto convencionalismo prefirio un supuesto chico malo, una antítesis de su modesta necesidad de no sentirse sola ni en silencio nunca.
El caso es que lo que tiene que llegar a veces se acelera, entrando de sopetón por la puerta, y dejando que los demás elementos la favorezcan. Tal vez la antítesis nunca tuvo lugar realmente en ese alma corrompida, tal vez ella nunca supo responder que no a lo que se le pedía, dejándose llevar ante las sutilezas y las osadias, permitiendo de todo por una sonrisa tivia, por un gesto simple, por una seña de que era de su propiedad...
Pero la seguridad a veces hace fallar tales conceptos, tal vez ella nunca fue su sombra eterna y segura, tal vez tan solo a la espera de un hogar cálido pero no tan llamativo esperaba sosegada, paciente. Pero el caso es que cuando dicha entrada se hizo visible acabó desvaratando todas las ilusiones, todos los celos, transformándolos a comparaciones.
Y es que el rojo nunca podrá ser verde, y es que si no se expurga el hueco que siempre hubo no podra ocupalo realmente nadie...
Este es el punto en el que nuevamente me vuelvo a preguntar el motivo y la temática que os puedo mostrar en este espacio, un lugar en el que como mi cabeza, nada está definido. A veces hay frases que me llegan, otras reflexiones a secas, otras prosas bien escritas que bien podrían estar, sin embargo, en mi otro espacio, pero no, ese pretendo que no sea tan personal aunque me pierda en el intento.
Y respecto a temas de los que hablar, hace algunas entradas intenté no mostrar penas, puesto que si este lugar tenía que mostrar sueños, era mala propaganda si al entrar leías y te ibas mas penoso de lo que viniste.
¿Sinceramente? La quinceañera loca y viviente en una nube se ha quemado en su gas volátil. El caso es que por muy buenas que sean mis experiencias y por mucho que las intente agarrar, acaban siendo aplastadas por míseros detalles que la trastocan en asco, enfado o ultimamente en remordimiento...
No se si se debera a los años, que tal vez me este convirtiendo en una vieja huraña pero sin aspecto de bruja; no sé si seran algunos comentarios que caen de lleno en mi cabeza agujereada de resquicios trampa. ¿La verdad? A veces ni me ayuda esta escritura, pero sin embargo, en cuanto puedo no soy capaz de dejar de sentirme tentada. Y bueno, lo que ocupa mi mente como salvacion de todo esto son mis clases, ajetreadas pero interesantes, en las que lo principal es restaurar una obra en mal estado, ya que mi cabeza poco que tiene que mejorar.
Me quejaré sin descanso, pero al mismo tiempo esperaré con aplomo que llegue el proximo lunes para seguir haciendo fichas de diagnóstico y curas pacientes de un lienzo que no hay daño que no tenga en su superficie.
Supongo que mi cura es seguir adelante con este sueño que tan grande se me hace y convertirme, aun veo difuso el camino, en una restauradora de patrimonio, dando igual si de mi tierra o no, mientras me mantenga ocupada elucubrando su historia material en vez de la mia, aunque eso sea un ejercicio que aun tengo que controlar para que de su efecto, puesto que esa vocecita diversificada no calla fácilmente. En ocasiones, a dios gracias.
Sin demora, pero con determinación. Con simpleza, con delizadeza y empeño... delimita tus papilas gustativas con la miel de la experiencia, ajena a tu vivir acostumbrado.
Empalágate de dulzura, amor y locura a la misma vez que crees estar degustando colonia... no importa si el final es diverso, controlado pero con un toque desorvitado. Transforma tu insociabilidad con estas gotas de rocio destilado, ama sin despecho, sin pensar en su regreso, sin estar sentada en el ultimo banco de la estancia esperando caer del cielo un bufón desconsiderado.
Miente al decir que no es de tu gusto casual, probaste el veneno de un ser más normal, volaste hasta su mundo motorizado y ruidoso y ahora no deseas volver al marco de un foto impresa.
Siempre he sido una mujer de rutina, rutina aburrida y monotona para quien no suele vivirla. Lo cierlo es que las cuatro paredes y media que componen mi usual existencia conforman todo lo que necesito.
En ella he sido cada uno de los personajes que he soñado y en los que ni siquiera pensé descubrir. Embutirse en la piel de alguien que no fuera yo se acabó haciendo de lo más socorrido para sobrepasar un aburrido fin de semana sin planes en una vida que no daba más de sí.
Pasó de largo conformarse con una vida social pobre y fue mejorando considerablemente. Mas el aplanamiento que me rodea, que vaga sin descanso en una nube de alcohol y vuelve a clase entre risas contagiosas me degenera la concepción de haber salido de mi ordenado control de existencias paralelas para soportar existencias que se transforman en polvo a cada lágrima que derraman o gota que conlleva a suprimir poco a poco su cerebro.
No me vanagloriaré de existencias mediocres que califican de vacías, comparados con sus excesos, los planes alternativos de cabezas más creativas e insatisfechas. Al contrario, en ocasiones me causa total indiferencia y en lastimeros momentos frente a mi ventana hacia el infinito me provocan incluso lástima.
Lo que sí es cierto es que de una manera u otra todos acabaremos en una caja de madera o condecorando un hermoso paraje azarosamente elegido o no en el globo terráqueo. En mi caso, la llegada tal vez sea más lenta, más crítica o críptica mientras evalúo cada camino posible en el que podría encarrilarme sin, dificilmente, mirar atrás. Pero lo que tengo claro es que aunque mis dudas me consuman prefiero vivir con ellas a perderlas por completo paseando entre fríos parajes cercanos a aguas ensuciadas por la indiferencia humana y enjugando mis vanales penas con litros de bebida destilada del deseo de otros por crear adeptos a otra secta más, por muy encapuchada que se muestre.
En una ocasión describi de forma grupal y ordenada los conceptos que me emparentaban a tu alma inquieta, los desgustaba y los apartaba para tenerlos de referente o recordar porqué elegí estar en tu compañía.
Sigo teniendo esa lista entre los pliegues de una determinación arrugada, pero no, dicho estado, por una vez, no fue por tu culpa.
El verano arrasa entre golpes de martillo y caricias despreocupadas a tu lado, y a pesar de desear en ocasiones dejar de estar besando tu suelo pisoteado me resisto a dejar de envolverme con mi locura transitoria y dañina, que, segun se ve, pasa de puntillas frente a todos. Dos almas cuerdas unidas en un todo. Niego con la cabeza mientras sonrío... no saben hasta que punto son ilusos.
Más a pesar de ello imploro: sigue encendiendo este alma corrompida mientras apago los rescoldos que aparecieron inesperados en hoguera ajena. Sigue desquiciandome con todo tu conjunto de recovecos, mientras intento olvidar que soñé con un recambio mal copiado. No guardes rencor a estos ojos que te negaron mirar con aplomo, cuando son ahora ellos los que pretenden estar ciegos al amparo del tiempo en espera desquiciada, domada y endulzada con un licor en exceso amargo.
"Puede ser que les extrañe lo que voy a declararles a ustedes, señores socialistas, los progresivos y humanitarios; pero yo no me ocupo jamás de mi prójimo, no trato de proteger nunca a la sociedad que no me protege, y aún diré más, que generalmente no se ocupa de mí sino para molestarme; y aun suprimiéndoles mi estima y guardando la neutralidad vis a vis con ellos, todavía es la sociedad y mi prójimo quienes me deben agradecimiento."
El conde de Montecristo
¿Qué es lo que hace que una persona se deteste a sí misma? Quizá la cobardía o el eterno miedo a equivocarse.
En los momentos más álgidos de una existencia memorable podría recalcar cada segundo por los pensares descontrolados y punzantes que corroen indiscretamente.
Sé perfectamente, que cualquiera de las que veo por la calle se levanta a una mañana soleada mostrándose acertada con su suerte entera, quizás con sueños que cumplir que no sabe como encarrilar, quizás con una ventana esperando a ser abierta por fuera. Pero con razones para sonreír.
El hecho de detestarse lo denota el miedo a no querer conocerse. En el sentido que se precie en la mente, cualquiera de los puntos convergen en un desconocimiento interno a todos los niveles. Pero lo natural es cerrar los ojos y dejar que las pestañas cubran la vista de una cortina resistente, cerrada con llave.
Miedo y desconfianza, aburrimiento e inquietud: por un lado sendos guardianes que te hacen inclinar la vista hacia el lado contrario, y por otro, inquietos duendecillos traviesos que te tiran de las ropas para salir del agujero negro y crear una nueva vereda llena de sueños eternos.
El intermedio tiene que existir, pero en solitario es preciso encontrarlo.
Y uno de los pasos es dejar de lamentarse sin hacer nada por evitarlo. Las palabras ayudaron cuando de recelos y espinas clavadas se trataba. Estas espinas ya se han convertido en hiedra maciza y habrá que actuar de manera distinta.
El sueño comenzó con este espacio personal, y la obligación es llenarlo de ellos, aunque en la vida que está ahí fuera no tenga fuerza para sobrellevarlos.
_Mey_
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Érase una vez un montón de coartadasHace 8 horas
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La fuerza puede existir en el lugar menos probable
Las palabras pueden ser mas fuertes que sus versos o prosas
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